Climbing! (1970)

Mountain

La transición del rock entendido como una forma de expresión hacia la gran industria del entretenimiento se llevó por delante a un nutrido grupo de pioneros de principios de los setenta como Mountain, el eslabón perdido de los orígenes del heavy y unas cuantas cosas más. La montaña no es otra que Leslie West, uno de los guitarristas más influyentes al que el destino sólo se dignó sonreír una vez gracias a una reina del Mississippi. A sus 71 años recién cumplidos (nació en octubre de 1945), su biografía quizá no ocupe demasiado espacio en las enciclopedias, pero aquella canción aún sigue sonando. Su error quizá fue llegar demasiado pronto a un lugar equivocado de la Historia.

Climbing!
, el debut de Mountain como grupo en 1970, era ya el segundo disco del ex guitarrista de The Vagrants, donde se hizo un nombre tanto por su imponente físico como por su técnica fuera de lo común. Grabó un primer disco en solitario, una maravilla blusera que convenció al productor Felix Pappalardi de que era el candidato perfecto para heredar el legado de Cream, otra creación en gran parte suya, y puso sobre la mesa un contrato nada menos que con Atlantic.   



Por entonces Clapton ya era dios
y West iba a poder sonar como él, exactamente como él. Un sueño a sus 25 años. A su lado, el propio Pappalardi se encargaba del bajo, Steve Knight de los teclados y Laurence ‘Corky’  Laing de la batería. Antes de darse cuenta de lo que pasaba, West se encontró sobre el escenario de Woodstock camino de convertirse en otra leyenda.


Supo aprovechar la oportunidad y sorprendió con un disco que no se limitaba a seguir la estela del mítico trío, aunque por supuesto Pappalardi se encargó de colocar un tema de Jack Bruce, que no es precisamente el mejor. Descontando el pelotazo de Mississippi Queen, cortes como Never In My Life –muy pinchado en su época- anuncian el futuro del rock duro con su riff hipnótico y contundente, mientras en la segunda parte, cuando aún había que darle la vuelta al vinilo y la pausa sí contaba, no como en los cedés y usebés de hoy, la vena psicodélica parece apuntar más al rock progresivo. En algunos momentos es imposible no pensar en Rush.

 

Al margen del elaborado y perfeccionista trabajo de West, destaca el piano de Knight en Boys in the Band, casi la única oportunidad del teclista de hacerlo en un álbum pensado por y para su guitarrista y su Gibson Les Paul Jr., un nombre también unido al suyo con el permiso de la Electra de plexiglass con la que le gustaba vacilar ya en sus primeros conciertos.

La joya de Climbing! está escondida, sin embargo, en la belleza acústica de To My Friend, el único tema que firma en solitario. Un detalle de lujo como corresponde a un verdadero maestro de las seis cuerdas.
             


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